10.11.11

Por las noches desespera



Siete de la tarde marca el reloj del Blackberry y el entorno se encarga de asegurarme que la hora es correcta. Dentro de un subte que atraviesa la gran ciudad me rodean esas caras desconocidas que quizás nunca vi ni volveré a ver o aunque si lo hiciera, no recordaría. Los auriculares a un alto volumen ayudan a abstraerme de la sofocante y cotidiana escena pero lo consigo completamente cuando lo encuentro a él, a mi reflejo en el vidrio de la ventanilla sucia y descuidada.

Ese es el momento, el instante, que no se da desde hace tiempo. El encontrarme conmigo, mirarme a mi mismo como a un desconocido y llegar a conocerme, comprenderme e intentar aceptarme. Ya no importa a quién le tocó el turno en la lista de reproducción, el diálogo es entre él y yo, entre yo y yo...

Hay muchas cosas que decirnos, muchos planteos que hacernos pero el primero en el que ambos coincidimos en tratar es la constante presencia de ella, la que tanto buscamos, la que idealizamos una y otra vez, la que conseguimos y ya no queremos más.

¿Qué pasó con ella que si tantas veces nos sedujo y nos hizo felices ya no nos complace? Ella cambió. Nosotros cambiamos. No somos tan compatibles como creíamos... Una y otra conjetura se escapan de mis ojos a mi reflejo, sin palabras de por medio pero imposible encontrar una respuesta que se alce entre las demás como válida y certera.

Suena la chicharra que indica la llegada a destino, el ficticio diálogo se interrumpe bruscamente y el único pensamiento que queda boyando en la cabeza mientras los pies me llevan a casa es: "Quizás Soledad y yo no debamos pasar tanto tiempo juntos, somos buenos amigos pero no más que eso..."

23.7.11

Cinco sentidos


Los cinco se creen imprescindibles, cada uno único en su rubro e irreemplazable pero con los egos al ras del suelo para que ante la falta de uno de ellos la solidaridad logre que su ausencia no te paralice...Dudo poder determinar si su crecimiento fue en conjunto o alguno tardó más en recibirse, pero de alguna forma llegó a ser parte nuestro sin darnos cuenta ni valorarlo.

Por poner un orden, el primero es ese que ya desde la puerta te advierte el tuquito que está preparando la vieja o el que te da la pauta de que por tanto buscar formas en las nubes pisaste los "regalitos" que un perro dejó en tu camino.

El segundo me permitió ayudar a un amigo y estar preparado para dar un consejo. Fue la puerta de entrada de mucha información que sería útil para poder ser lo que necesitaste en el momento justo, muchas veces con solo usarlo a él me agradeciste por tanto... Vaya si es importante.

En tercer lugar se presenta ese que me permitió distinguir a aquellos que con solo acercarme me harían sangrar y también, mucho más importantes, a los que me harían una suave cosquilla que desembocaría en una sonrisa para luego convertirse en risa.

El número cuatro fue de gran ayuda para decidir mis almuerzos y cenas, para elegir ese trago con el que decido ir a tus brazos y para sentir cuando a la vida le falta un poco de dulce después de tanta amargura colectiva.

El quinto y último personaje de esta historia es al que le adjudican la entrada de todo, el que le pone colores a  los días, el que determina una buena combinación, el que con tan solo dos bolitas logró captar todo lo lindo y lo feo que está a mi alrededor...

Si en tu vida los tenés a todos valoralos y cuidalos, si tenés carencia de alguno no dudes en exprimir un poco a los demás que no dejarán de sorprenderte... Sentidos listos para sentir.

3.7.11

Momentos


Ronda de amigos a principios de mes.

Siempre el mismo escenario: la mesa redonda, sus tres caballeros sentados alrededor, un envase de cerveza ya vacío y su contenido volcado en los vasos.

Arranca el primero. "Que lindo que ya cobré. Hoy chequeé mi cuenta corriente y tengo toda la platita. Igual este mes va todo para el autito, ya estuve viendo unas llantitas lindas para ponerle y unas luces de xenón que son una locura. Voy a comer polenta todos los días pero con la facha que después voy a tirar por el barrio me chupa un huevo."

El segundo la sigue. "Si, yo también ya cobré. Y este mes me parece que igual que vos me voy a cagar de hambre porque voy a comprarme una guitarrita nueva, como la del guitarrista de esta banda que está ahora de moda. Sale una fortuna pero bueno, me encapriché y la quiero"

Como el tercero no hablaba lo tuvieron que pinchar.. "¿Y vos?"

No le quedó otra que contarles. "Yo voy a ir como cuatro veces a ver a una banda de gente que me hace feliz, voy con mi vieja al teatro, llevo a mis hermanos a ver un partido de la selección argentina de algún deporte amateur contra la selección campeona del mundo, voy dos veces a ver algún show internacional, invito a una amiga, a una hermana. Eso, no soy músico, no tengo auto..."

Y si, carcajadas, risas y el comentario desacertado de uno de los dos: "Tanta plata para cosas que no duran más de tres horas. ¡Estás loco, que manera de tirar la plata vos viejo eh!"

Mientras el último sorbo de cerveza enfría la nuez de Adán piensa el tercero: "Que me importa a mi cuanta plata gasto en esas cosas. Que importa el costo de esos momentos si lo que importan son, justamente ellos, los momentos."

30.6.11

En busca de la hierba seca...


Quizás por tratarse de un rebelde sin causa o quizás por ser de esos que se dice que tienen pocas luces es que él siempre se quedó a un costado del protagonismo. No era de ajustarse el cinturón y empezar a batallar, tan solo apreciaba la escena desde un costado y, a mi parecer, consideraba utópico llegar a comportarse como los galancitos de salón.

Años de maduración pasaron, tantos como los que tardó ese yuyo en crecer. Vio a los de la vieja escuela que impresionaban con un  "Séptimo regimiento" ya en desuso, también a las estrellas del momento que se acercaban  al objetivo con un revolucionario "New Age", a los rudos que presentaban su vaso oscuro con un 70 Fernet - 30 Coca y a los que barrían largas barras vaciando mojitos.

A todos ellos los observó desde un costado, con admiración y algo de envidia. Mientras todos terminaban el día haciendo un recuento de sus víctimas, él caminaba a la par oyendo esas historias sin emitir sonido alguno. Al llegar a casa abría la puerta que permitía el paso al jardín, se confortaba con el olor a hierba fresca y pasaba un buen rato dándole los mimos necesarios para agradecerle los beneficios que le daría en un futuro...

Sin dudas fue un trabajo lento pero ahí está él ahora, en su casa y con su plantita ya adulta. Una muchacha entra buscando escapar de sus problemas y sale con apariencia de haberlo logrado, atrás va otra que también parece salir satisfecha....

Ni un "Séptimo regimiento" ni un "New Age", mucho menos un Fernet pudieron traerle al muchacho tan buenos resultados como los que a él le trajo su plantita de yerba mate.

20.6.11

Alcancía subterránea


A las corridas, como siempre pasan los días en esta ciudad, voy una vez más al submundo. Un hombro que da contra una señora, el otro que es  impactado por la mochila de algún estudiante. Tantas caras con las que compartimos sensaciones y no nos conocemos, tantas preocupaciones reunidas en unos pocos metros.

De pronto llega la formación, seis vagones, todos diferentes: uno con tapizado azul, otro rojo, unos con grafittis en sus ventanas y algunos pocos que parecen recién salidos de fábrica. Tan diferentes como ellos somos todos nosotros, parados ahí fuera esperando que abra las puertas para emprender el viaje.

Una vez adentro fue donde comencé a sentirme dentro de una alcancía. Una monedita por aquí, otra por allá. Todos personajes tristes los que piden colaboración... Esa nena con apenas una decena de años que lleva a su hermanito en brazos, la señora no vidente que se abre paso entre la multitud haciendo sonar su latita para que perciban su presencia, aquel hombre discapacitado que relata su historia y no puede más que pedir ayuda...

Al fondo, tratando de escapar de esa desolación, me encontré con ellos que no tienen suerte pero si certeza de lo que los hace felices, un batuque que resuena dentro de la alcancía poniendo algún color a tanto gris y soñando con que algún día los sobrevivientes de la caridad no necesiten más de la monedita...